La llegada a Máncora fue a las 6 de la mañana el 26 de Julio. La noche del 24 la pasamos en Trujillo, un pueblo que no nos gustó mucho y por eso no lo hemos puesto, y la noche del 25 en guagua hasta aquí.
El pueblo parecía un poco raro porque estaba todo oscuro y no había nadie. Pronto llegó un taxista en un “motocarro”, un “tuctuc” sudamericano, y nos preguntó si quería que nos llevara a buscar habitación. Así lo hicimos, y después de encontrarla nos fuimos a dormir un rato. La verdad es que para la pinta que tenía era un poco cara. No había ni una mesita, ni espejo en el baño… costaba 40 S/. Decidimos buscar otra al dia siguiente.
Cuando nos levantamos vimos dos hospedajes más, y regresamos al segundo, que se llama Maria Pia, y lo recomiendo a cualquiera que tenga la idea de ir a Perú algún dia. El dueño era muy simpático, nos dejaba usar su cocina, ver la tele en el salón, y la habitación estaba limpita, bien cuidada y no se oía mucho ruido. Sólo cobraba 30 S/ la noche.
Máncora resultó ser un lugar muy bonito, junto a una playa gigante, también muy bonita, donde nos pasamos la mayor parte del tiempo. Todos los días nos despertábamos, desayunábamos, y nos íbamos a bañar a la playa. La recorrimos casi de un lado a otro. Había casas enormes, que debían ser apartamentos y me encantaron algunos que vi. Otros estaban rodeados por palmeras y rocas de la playa, pero tambien eran muy bonitos. Estuvimos casi dos semanas nada más que yendo a la playa, comiendo menús en un restaurante por 5 soles, y viendo las fiestas que había esos días. El menú del restaurante estaba bastante bien. Ponían un pequeño palto con ensalada o ceviche, y luego podía pedir arroz con mariscos, lomo saltado, chaufa de pollo, calamares, pescado a la plancha frito… Y todo lo servían con un zumo muy rico de maracuyá. Y durante nuestra estadía allí, celebraron el dia del pescador, y la fiesta duró como cuatro días. Hacía sol todos los días, unos 28 grados sólo, pero estaba muy bien para ir a la playa y tomar el sol.
Una tarde cambiamos de restaurante y fuimos a otro más cerca del hostal. Tenía un menú parecido al que íbamos, que por cierto estaba al lado de la playa, y parecía bastante bueno. Allí comimos esa tarde. Empezamos a hablar con las chicas del restaurante, que finalmente eran de Arucas y otra de Tenerife. Se llamaban Maria y Naira. Están trabajando en Máncora desde hace ya 3 meses, ganando 60 S/ al dia, y en una discoteca por 20 S/ la noche, dos veces a la semana.
El 1 de Julio fue el cumpleaños de Ludi, pero no pudimos hacer nada porque estaba malita de la barriga. Al dia siguiente, lo celebramos junto con Jorge, el dueño del hostal, Lucho, otro peruano y Ana, una señora muy simpática de Lima. Jorge cocinó para Ludi un plato de aji de gallina. Y de postre le hicimos un queque con dulce de leche, una botellita de vino, y yo después una pequeña Inca Kola. No podía faltar. Por la noche fuimos a un restaurante y Ludi comió ceviche, sólo que ésta vez era mucho más grande y con varios pescados, y yo un plato gigante de calamares con ensalada.
Habíamos estado hablando de diferentes platos de España, Francia y Perú, y Jorge me contó que le encantaba la tortilla española, tanto a él como a Ana y Lucho. Y por supuesto a Ludi. Un par de días después cociné dos, una con chorizo de Perú, y otra normal. Y tuvimos otra cena los cuatro en el hostal, viendo un programa de música, hablando de cosas diferentes, y pasando bien el tiempo. Lucho llegó más tarde.
Desde Máncora fuimos a visitar un pueblo con una playa desierta muy bonita que está a unos 20 minutos en taxi y se llama Punta Sal Tambien lo recomiendo. Pasamos el dia allí y a Ludi le gustó mucho porque llevaba queriendo ver delfines toda su vida y por fin los vio allí. Pasaron nadando a unos 25 metros de la arena. Eran super bonitos. Volvimos a casa sobre las 5 de la tarde porque entró un poco de viento y empezó a hacer fresquete.
El pueblo de Máncora es pequeñito. Hay un mercado en medio donde venden trajes, bikinis, collares, pulseras, y todo ese tipo de cosas para chicas, y poquitas cosas para chico. Es sólo una calle, que está a 30 metros de la playa. La mitad es turística, y la otra mitad más de gente del pueblo, que era donde estábamos nosotros. Hay muchos hospedajes diferentes. Algunos cerca de la playa, y otros un poco lejos. Los que están cerca de la playa son siempre más baratos y mejores. Los que están lejos, como el de nuestra primera noche, son más caros y más feillos. Aquí no tienen agua caliente porque siempre hace calor. Sólo llueve unos días en Marzo y también tiene un mercado donde venden frutas y verduras, en el cual después de las 6 pm usan linternas porque ni si quiera tiene luz. Hay muchos restaurantes turísticos, y otros baratos, muchos hospedajes, bares para ir a bailar y tomar algo, tiendas de comida, farmacias, panaderías, y un largo etc.
La primera foto es de la playa de Máncora, la segunda de un puesto de comida tambien ahí, la tercera de una niñita en el mercado, la cuarta de un hombre pescando, y la última de yo árabe :-)
Hasta pronto.
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